martes, 3 de junio de 2008

Platonesquiando...con Dante

Segunda parte de la exposición sobre el libro VII de La República de Platon

(531d-541b)

En esta segunda parte del libro VII, Platón, presentará la dialéctica como la última etapa de la educación superior del filósofo y explicará el por qué de su importancia en toda la lista de ciencias necesarias de conocer. Por otro lado, hará un retorno a la alegoría de la línea, en la que intentará establecer relaciones de correspondencia entre las categorías divididas. La selección del filósofo y las etapas de formación serán presentadas cumpliendo así con el objetivo de formar gobernantes adecuados que permitan llevar la dirección de la ciudad. De esta manera Platón pondrá énfasis en particular en el rol que cumple la dialéctica, en la formación de los filósofos y la importancia de seguir estrictamente el proceso de selección. Con todo este proceso Platón estará presentando una estructura educativa utilizada como un filtro para la selección de los mejores, a nivel intelectual y físico, que como único rol tengan el gobernar. Antes de comenzar cabe mencionar que para Platón no hay exclusividad en el género para el filósofo, pues cree que tanto hombres como mujeres mientras cuenten con el perfil solicitado podrán cumplir con el rol expuesto para el filósofo.

La dialéctica:(531d-533c)

En la primera parte de este libro Platón ha enumerado una serie de conocimientos, o ciencias, que a su criterio son necesarios en la formación académica del filósofo gobernante (aritmética, geometría, astronomía y melodía). Sin embargo, afirma que estos conocimientos no podrán ser útiles mientras no sean capaces de descubrir la relación natural y semejanza que los vincula, permitiendo una visión amplia e integra de la naturaleza del Ser. Así pues, cada una de estas ciencias, o conocimientos, revelan una virtud que los acerca a la verdad y al Ser en sí mismo[1]. Sin embargo no son estas las que alcanzarán a contemplarlas, sino las que preparen las condiciones del alma para la dialéctica, que a criterio de Platón conducirá al alma a la contemplación de la verdad y el Bien en sí mismo.

Platón presentará la dialéctica como el último conocimiento, y el más importante en la educación del filósofo. Esta constituye el último tramo, y el único método conocido, para acceder directamente a la contemplación del Bien en sí mismo. Sin embargo, es necesario que sea el último puesto que sin el entrenamiento del alma y la razón recibida anteriormente por las ciencias antecesoras a la dialéctica esta no podría cumplir con su objetivo, dado que el ser humano no se encontraría en condiciones de acceder a la contemplación.

Platón define lo inteligible como el campo de la dialéctica, y como herramientas para acceder a su objetivo única y exclusivamente la razón y la inteligencia, dejando completamente de lado los sentidos. Pero también afirma, como ya se menciono, que la dialéctica única capaz de llevarnos hasta el final del camino propuesto, sin embargo “es el único método que trata de encontrar de una manera sistemática la esencia de cada cosa en sí” (533 b). Así, esta justificando su inclusión dentro de la propuesta de educación del filósofo. De la misma forma, atribuirá a la dialéctica, y al que la ejerce, la capacidad de interrogar y responder con argumentos infalibles que revelen la capacidad su conocimiento del Bien, y por tanto su capacidad de gobernar. Esto según Giovanni Reale quiere decir un alto grado de abstracción de los conceptos[2], o en otras palabras llegar a verbalizar el conocimiento de la esencia de las cosas logrado mediante la dialéctica. Por otro lado, Gutrhie dirá que en esta parte se intentará vincular al método socrático con la dialéctica, siendo esta última la perfección de la primera[3].

Entonces con todo lo dicho hasta el momento queda claro que la dialéctica se diferencia de los demás conocimientos porque trasciende las hipótesis que son necesarias para la justificación y el fundamento de las otras ciencias. Así, la dialéctica se referirá únicamente a su conocimiento del Bien, que es el Uno, más no a lo múltiple que es el objeto de las otras ciencias.

Glaucón queda inquieto por lo expuesto por Sócrates con esta última etapa de la formación del filósofo gobernante, y se muestra ansioso porque Sócrates describa la dialéctica de la misma forma como lo ha hecho con los conocimientos anteriores. Para Sócrates esto implicaría desarrollar la naturaleza de la materia misma que tiene la dialéctica, el Bien, sin embargo para Sócrates es imposible que al Bien se lo entiendan en una explicación directa de lo que él piensa que es, “te sería preciso ver la vedad en sí, o, a lo menos la que a mí me parece tal” (532 e).

Este proceso de educación es comparable con la ascensión de la caverna, así con los conocimientos previos a la dialéctica se llegará a conocer hasta los reflejos de las cosas y los seres, más no los seres en sí mismo ni tampoco el sol que los ilumina. Sin embargo es la dialéctica que elevará la vista hasta la contemplación misma del sol que ilumina las cosas y produce el reflejo. Así pues Sócrates dirá que este proceso es el sacar “poco a poco los ojos del alma del grosero barro en que yacen sumergidos (...) elevándolos a las alturas”(533d). Con la dialéctica se cumplirá la última etapa y la más importante, por la cual se ha venido preparando durante tanto tiempo al filósofo gobernante.

El retorno a la línea (534 a- 534 e)

Sócrates pone en duda el término conocimientos, que él ha designado para las ciencias anteriores a la dialéctica. Con esta duda pretende precisar mejor a estas ciencias, puesto que a su consideración son más claro que la opinión y más oscuro que el conocimiento. Es decir no son exactamente conocimiento en los conceptos que Sócrates lo define, pero tampoco son opinión. Frente a lo polémico que puede ser esta disyuntiva prefieren desistir con este tema y seguirán con lo que se han propuesto. Dejan, así, el problema de la designación a disposición del alma pues esta determinará a partir de su experiencia la designación “que revele con claridad su condición” (533e).

Por otro lado, Sócrates reafirmará, regresando a la línea, las relaciones de correspondencia que antes habían establecido entre las categorías divididas de los niveles de conocimiento dentro de la alegoría de la línea. Así dirá que se siga llamando “a la primera parte conocimiento, la segunda entendimiento; a la tercera creencia e imaginación a la cuarta”(534 a).
Relacionando, las dos divisiones generales de la línea: opinión e inteligencia con generación y esencia, correspondientemente. Esta relación de correspondencia se aplicará en las subdivisiones dentro de la línea produciendo, y afirmando, por un lado la relación de opinión y conocimiento, y creencia y entendimiento por otro.

La selección y el perfil del filósofo gobernante. (535 a- 536 d)

Para la selección de los filósofos gobernantes, Platón dice que es necesario que se tome en cuenta las mismas características que se enumeran en el libro dos y tres, pero además se les añadirá a manera particular del perfil del filósofo el vigor intelectual, entusiasmo por el estudio, memoria poderosa, ser amantes de todo trabajo y pasión por la verdad[4].

Ante tales exigencias en el perfil del filósofo Glacucón sentirá que solo será posible encontrar a alguien con tales características si la generosidad de la naturaleza concede concentrar los mejores dotes en algún hombre o mujer, mientras tanto no será posible. Sin embargo, Sócrates afirma que solo perfilando con tales características al filósofo se podrá seleccionar a los mejores y los más aptos para la filosofía.

De esta manera, se evitaría cometer los mismos errores que se comenten con quienes no son capaces para la filosofía y la ejercen, siendo ellos los culpables del daño de la filosofía. Además añade, sí los hombres y mujeres seleccionados adecuadamente cumplen de manera rigurosa con lo planteado para su formación y selección la justicia y la política no tendrán nada que reprochar más adelante, y de esta forma se “salvará la ciudad y su organización política”(536b) Pero si en nuestra selección elegimos a hombres y mujeres de otra índole, las consecuencias serán contrarias a los objetivos planteados.


Etapas de formación (536 e- 541 b)

Para cumplir con los objetivos de formar filósofos gobernantes capaces de dirigir honesta y correctamente la ciudad buscando el bienestar de todos es necesario que se establezcan etapas en las que se desarrollará la educación planteada. Así pues los filósofos pasan por tres etapas de formación, en las que van ejercitándose y preparándose no sólo a nivel académico y físico sino también en la praxis dentro de su sociedad, es decir una formación integra.

La formación empieza con los menores de 10 años quienes en la primera etapa adquirirán de manera básica y elemental el conocimiento de las ciencias propedéutica de la dialéctica. Esta primera etapa por ser dirigida a niños tendrá que ser impartida de manera lúdica mediante la cual el niño puedan libremente desarrollar y mostrar sus capacidades naturales. Al mismo tiempo es necesario que los niños sean espectadores en las guerras, y luego de terminar sus estudios básicos sean ejercitados en la gimnasia. De aquí se seleccionará a los que demuestren disposiciones naturales tanto para aprender como para la gimnasia.

La segunda etapa se inicia al cumplir veinte años aquí se profundizará las enseñanzas obtenidas durante su infancia esta vez se les será presentadas en una visión amplia e integra siendo evidente las relaciones que hay entre ellos y la naturaleza del ser[5]. Como ya se había mencionado anteriormente este es el objetivo particular de estas ciencias siendo el preludio de la dialéctica. Esta etapa llegará hasta que cumplan los treinta años seleccionando únicamente a los que cumplan con la exigencia de los estudios y las habilidades para los trabajos de la guerra.

A los treinta años se inicia la tercera etapa para lo cual se supone que el haber llegado hasta esta etapa ya los hace aptos para ser instruidos en la dialéctica, así esta etapa se iniciará con cinco años dedicados a la dialéctica. Aquí serán probados constantemente hasta que solo con el uso de la inteligencia y la razón puedan llegar a la verdad que los conducirá hasta el conocimiento del Ser en sí. Sin embargo, si no se ha tenido rigurosidad y constancia en la vigilancia de la selección, la dialéctica puede ser mal utilizada y los fines para su uso manipulados. Después de estos cinco años de preparación en la dialéctica, tendrán que descender a la caverna y permanecer durante quince años ocupando cargos militares y otras funciones, es decir esta etapa será de adquisición de experiencia dentro de los asuntos de la ciudad poniendo en practica lo hasta ahora aprendido, o como Gutrhie dice aquí pondrán a prueba su habilidad para no distraerse de su cargo[6].

La selección última se dará cuando llegan a los cincuenta, donde los sobrevivientes a los quince años dentro de la caverna sobresalientes tanto en su desempeño practico como en sus conocimientos, serán obligados a “elevar los ojos del alma y mirar de frente al ser que ilumina todas las cosas” (540 b). Esta contemplación del Bien, para la que se ha preparado rigurosamente toda su vida este hombre o esta mujer, lo tendrá como referencia para la organización de su vida equilibrándola entre la acción política y la filosofía, también influenciará en el orden conveniente que estos crean darle a la ciudad para su bienestar. Así pues, este filósofo resultado de todo un proceso de formación, asumirá la autoridad de gobernante cumpliendo así con su deber de conducir y dirigir la ciudad ha alcanzar el bienestar. Camacho dirá que todo este recorrido, durante su formación y su puesta en practica de sus habilidades, será la realización del filósofo, “en ella encuentra la más completa actualización de su propia esencia” (Camacho: 625). Esto se complementaría con lo dicho por Sócrates que los filósofos tienen como “convicción de que su tarea, más que un rol es un deber ineludible”(540b)

La tarea de este filósofo gobernante culminará luego de haber trabajado ardua y adecuadamente en el gobierno de la ciudad, además de haber preparado a jóvenes que a semejanza de él sean capaces de asumir la guardianía de la ciudad. Al cumplir con esto recién podrá por fin pasar a retiro, y solo es hasta este momento final en el que recibirán los honores de gratitud de la ciudad.


Sócrates cerrará el libro afirmando que es posible esta ciudad y la estructura política propuesta hasta el momento. Glaucón pregunta “¿De qué modo?” y Sócrates le responde:

“Enviando al campo (. ..) a todos los mayores de diez años que hay en la ciudad y haciéndose cargo de sus hijos para sustraerlos a las costumbres actuales, que son las de sus padres”.(541 a)

Apuntes personales

Durante los libros leídos hasta ahora y en partícula en este séptimo libro Platón plateará la importancia de la educación, y más aún en los que ejercerán el gobierno dentro de la ciudad. Así para Platón es necesario que el que gobierne no pretenda buscar fines individuales, sino al contrario este busque como único fin conducir a su ciudad hacia el bienestar. Es por ello la rigurosidad, vigilancia, minuciosidad y exigencia durante la etapa de formación, además de los tantos años que se tomará para que por fin sea seleccionado un gobernante. Esto revela que Platón, antecedido por Sócrates, no están conformes con la estructura política y educativa dada por la democracia, puesto que quienes la dirigen y los fines que buscan lo hacen defectuosa. Así Platón observa que bajo el manto de la prosperidad crece la incertidumbre social, y a lo largo de este diálogo propone una alternativa ante problemática de su ciudad.

Así, Platón en su sistema educativo y selección pondrá un énfasis en particular en el desempeño igualitario de lo práctico e intelectual. Esto conllevará a una vida en la que praxis y contemplación sean equilibradas y necesarias para la realización del filósofo gobernante. De esta manera, para Platón el ejercicio de la política y la filosofía son inseparables, puesto que constituyen el ser del filósofo y la razón de su ardua educación. Así mismo Platón plantea que este filósofo al ser participe de la contemplación del Bien en sí mismo adquiere una responsabilidad que él, el filósofo, considera que es un deber con la ciudad, y se dispondrá a ejercer la autoridad de gobernante de la ciudad.

Sí bien es cierto Platón a través de su última respuesta a Glaucón sobre cómo sería posible llevar a cabo todo lo que han ido creando, la respuesta que da es completamente desconcertante, sin embargo ello revela que Platón cree que solo se podría solucionar los problemas desde una transformación radical a nivel político y social dentro de su ciudad. Solución que surge desde la filosofía. Eso podría significar que Platón le da a la filosofía, y al que la ejerce un rol de gran incidencia social, o en las palabras de Vicente Santuc, pretende que la filosofía sea la adquisición de un conocimiento práctico que incida en la sociedad. Es por ello entonces la gran exigencia para Platón en la selección de los filósofos, puesto que si seleccionaría a alguien equívocamente podría causar todo lo contrario a los objetivos propuestos. Desde el punto de vista de Platón es necesario el filtro selectivo que proporciona la educación, formando una elite especializada y preparada para gobernar.

Con lo expuesto hasta el momento, Platón no solo presenta una reforma social y política, que transforme su sociedad, también le da un fin a la filosofía dentro del desarrollo de la sociedad y su problemática. Así pues, Platón no solo ha pensado en la filosofía como la búsqueda del verdadero conocimiento como único fin, sino que la expone a la practica de sus conocimientos dentro de la sociedad. De esta manera le da a la filosofía y al filósofo la responsabilidad de conducir a la ciudad hasta alcanzar el bienestar.


Bibliografía

PLATÓN. La República. Traducción de Antonio Camareno. Buenos Aires: Eudeba. 2005

GUTHRIE, W.K.C. Historia de la filosofía griega. Vol. 4. Madrid: Editorial Gredos. 1990

IRWIN, Terence. La ética de Platón. México: Universidad Nacional Autonoma de Méxio. 2000

REALE, Giovanni. Platón: En búsqueda de la sabiduría secreta. Traducción Roberto Heraldo Bernet. Barcelo: Editorial Herder. 1998.

CAMACHO, Juan. Platón. El filósofo- gobernante, solución a los males del Estado. En: SCIENTA OMNI. Volumen 1- número 3.UNMSM


[1] Cfr.Terence: 459
[2] Cfr. Reale: 218
[3] Cfr. Gutrhie: 504
[4] Cfr: Gutrhie: 505
[5] Cfr.Platón 537c
[6] Cfr: Gutrhie: 505

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